15 abril 2013

Unas escapadas maravillosas

"Viajar puede ser una de las formas de introspección más gratificantes" recuerda el autor británico Lawrence Durrell en su obra autobiográfica de los años 50 Limones amargos, escrita mientras vivía junto a las ruinas de un monasterio del siglo XIII en Chipre.

Pero algunos destinos, imbuidos con una especie de encanto innato, pueden despertar tu receptividad espiritual interior más que otros. A continuación revisaremos cuatro hoteles y spas exclusivos construidos en antiguos conventos y monasterios meticulosamente restaurados, repartidos por los soleados paisajes del sur de Francia e Italia.

Visto desde un barco en la Bahía de Salerno, el nuevo hotel boutique y spa Monastero Santa Rosa ofrece una postal impresionante. Para su restauración, su propietaria, Bianca Sharma, se unió al arquitecto local Franco di Martino con el objetivo de intentar preservar cada detalle de la rígida geometría de este histórico monumento. Los espectaculares jardines escalonados -que llevan a una piscina junto a un acantilado- fueron diseñados por el arquitecto paisajístico del Vaticano Tiziano Giangiulio.

Sus 33 celdas se han convertido en 20 lujosas habitaciones con vistas al mar, adornadas en tonos azul marino y blanco. Construido en 1681 contra un muro de una iglesia del s. XI, Santa Rosa fue fundado para servir como santuario espiritual para las vírgenes sagradas. Entre sus invitados se incluyen el príncipe Alberto de Mónaco y su esposa, la princesa Charlène, que fueron unos de los primeros en ocupar la suite Citrus -antiguamente la cocina de las monjas-, cuyo precio asciende a 2.500 euros la noche.

El spa del hotel usa productos herbales basados en las recetas elaboradas por los monjes dominicos hace más de 400 años.

En 1910 en la Alta Provenza una orden de monjas franciscanas se hizo cargo del Couvent des Minimes, construido en el s. XVII, y trabajó sin descanso para convertirlo en un paraíso de huertos frutícolas, olivos y flores exóticas distribuidos en bancales.

Situado en la tierra del espliego, en el pueblo de Mane cerca de Manosque, este refugio religioso de 71 celdas ha sido transformado por el grupo hotelero Relais & Châteaux en el elegante Couvent des Minimes Hôtel & Spa, con un total de 46 habitaciones.

En el spa L'Occitane, los clientes reciben masajes con una mezcla de cremas y aceites perfumados con fragancias de almendra, manzana, albaricoque, uva y aceituna. Todas las dependencias -el restaurante, el bar, la biblioteca, la boutique y las minimalistas habitaciones marrones y beige- se agrupan en torno a blancos claustros abovedados. La habitación más romántica es la espaciosa Suite Cassine en la antigua capilla, con amplias vistas a los campos de lavanda.

Ubicada en una tranquila villa de viñedos cerca de Brignoles, la Abbaye Royale de La Celle, del siglo XII, tal vez sea más conocida por la escandalosa historia de sus traviesas monjas que por sus serenos claustros. Según cuenta la historia, la condesa de Provenza, Garsende de Sabran, nombrada abadesa tras la muerte de su marido, convirtió las celdas de la abadía en refinados tocadores donde los nobles de la corte de Aixois disfrutaban de piadosos favores.

La abadía fue cerrada en 1660 bajo órdenes estrictas del Cardenal Mazarin, y abandonada posteriormente durante casi tres siglos. En 1938, Sylvia Fournier -la gran dama del sector inmobiliario de la época- compró la propiedad adyacente al convento para construir un albergue en terreno de viñedos.

En 1999, el chef Alain Ducasse transformó este célebre sitio en el hostal rural de 10 habitaciones Hostellerie de L'Abbaye de la Celle, un baluarte de estilo s.XVIII con una fachada color melocotón y ventanas verdes y grises, rodeado de enormes castaños. Su mayor atractivo es la cocina provenzal, elaborada por el chef Benoît Witz, que sobresale por sus platos regionales, desde los delicados petits farcis (verduras rellenas) a la merluza del Mediterráneo con acelgas suizas, cultivadas en el exuberante jardín del hotel, junto a 20 variedades de tomate y 14 clases de albahaca. Los copiosos desayunos -con pan recién horneado, pasteles de azahar, miel de romero y mermelada casera- se sirven bajo la sombra de la terraza al aire libre, y con la melodía de fondo de las cigarras y de las campanas de la iglesia del pueblo.

Hacia el este, oculta en los bosques de la Riviera, las 15 habitaciones de L'Abbaye, propiedad de la familia Hugues durante los últimos 15 años, ofrecen una alternativa sin pretensiones a los deslumbrantes palacios costeros. En 1055, un grupo de monjes tomó las riendas de Notre Dame la Dorée et St. Veran, un monasterio en ruinas del s. V ubicado en el remoto pueblo de La Collesur-Loup. Allí construyeron una pequeña capilla de estilo románico, y después edificaron gradualmente una impresionante abadía de piedra junto a ella, culminada en el s. XIII.

El complejo fue requisado en 1789 durante la Revolución Francesa, y en 1938, el célebre cocinero Joseph Vighi lo convirtió en un glamuroso albergue campestre de estilo provenzal. El actual propietario, Stephane Hugues, ha mantenido el uso de la capilla del s. X para eventos privados, y recientemente reformó las habitaciones con una mezcla de líneas limpias y una elegante combinación de mobiliario en tonos negros y marrones. El antiguo claustro cumple la función de patio ajardinado, y los invitados pueden tomar la cena en la tranquila terraza exterior o en su acogedor comedor abovedado junto al fuego.

Antes de tumbarse junto a la piscina, los entusiastas de las antigüedades deberían visitar las afamadas tiendas del pueblo, llenas de objetos descubiertos en los desvanes de la campiña francesa. Los amantes de los deportes extremos pueden hacer rafting o montar en kayak por el río Loup.

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