26 junio 2016

Créditos con ASNEF

Obtener un préstamo figurando en las listas de ASNEF es algo difícil, pero no es imposible. Con la gran variedad de productos de financiación que tenemos hoy día, conseguiremos de momento hasta 750€ en nuestra cuenta bancaria. No tenemos más que comparar entre las ofertas más baratas de créditos con ASNEF que hay en el mercado para poder conseguir en unos minutos el que mejor se ajusta a nuestro perfil como futuro cliente.

Nos podemos retrasar en el pago de una factura de la luz o del teléfono, hecho que puede provocar que nuestros datos terminen inscrito en la lista de morosos como ASNEF, RAI, EXPERIAN, BADEXCUG y otras.... Aunque bien es cierto que hasta hace muy poco conseguir financiación estando en la lista de morosos era complicado, ahora con los créditos rápidos online, estar en las listas de ASNEF ha dejado de ser un inconveniente.

Dependiendo de cual sea nuestra necesidad podremos acceder a créditos rápidos, préstamos con garantía hipotecaria, minicréditos con ASNEF, préstamos personales o minicréditos con ASNEF.

Ya existen compañías de financiación privadas que nos permiten conseguir minicréditos con ASNEF con las mismas condiciones que si no tuvieramos ninguna deuda

Con los créditos con ASNEF podemos conseguir hasta 750€ en menos de 10 minutos , a devolver en 30 días. Para contratar esta variedad de microcréditos con ASNEF lo haremos online, lo que nos permitirá hacernos con el dinero que precisamos sin pasar por largos papeleos. No hay más que aportar nuestros datos personales y bancarios y a continuación recibiremos una respuesta rápida sobre el estado de nuestra solicitud. Una vez nos han concedido el crédito, recibiremos en minutos la transferencia del crédito con ASNEF en nuestra entidad bancaria.

Si la cantidad que nos hace falta es superior a los 1.000€, contamos con otras opciones. Una de ellas sería pedir los créditos rápidos con ASNEF a empresas privadas con las que podemos conseguir algo más de dinero que con los mini-créditos con ASNEF, eso sí, sería a devolver en un periodo de tiempo más largo, que irá variando dependiendo del prestamista con el que estemos tratando.

Si el dinero con los créditos con ASNEF sigue sin ser suficiente, hay otros que nos permitirán conseguir cuantías más altas. Una de esas variedades serían los préstamos con ASNEF y garantía, que se pueden conseguir si se tienen coche o casa, para ponerlos como garantía. Como la cantidad es superior, el plazo de reembolso también es mayor, pudiendo llegar hasta los 15 años o incluso más. Hay que vigilar estos préstamos con ASNEF ya que si no pagamos en su tiempo, corremos el riesgo de perder lo que hemos puesto como garantía.

Cabe remarcar que solicitar un crédito con Asnef a una compañía que preste dinero a clientes que son morosos y están en la lista negra, no implica que se lo vayan a conceder, analizarán el perfil del cliente y de que se cumplan sus condiciones, que suelen ser:

Haber cumplido la mayoría de edad. Tener la residencia española, pues en el caso de no ser residente, las posibilidades de solicitar préstamos con Asnef se verán reducidas.

Tener unos ingresos regulares y suficientes para devolver lo pedido, no tiene porque ser una nómina oficial, basta con una pensión o demostrar que se está cobrando la prestación por desempleo.

Si lo que se piden son préstamos con ASNEF con garantía hipotecaria, hay que disponer de una vivienda a nuestro nombre totalmente pagada o con una hipoteca a punto de acabar.

25 junio 2016

Ana Rosa y la Campos se llevan al matar

Repaso las revistas y me topo con Michelle Obama como protagonista de dos encuentros mediáticos. Uno, con Carla Bruni en la conmemoración del desembarco de Normandía. Los titulares de siempre: que las dos iban de blanco, esperado cara a cara entre primeras damas, sencillez y elegancia. Un aburrimiento. En cambio se le ha dado menos cobertura a la visita de Nancy Reagan a la Casa Blanca. 

Apenas un par de imágenes con sus actuales inquilinos y un pie de foto para contar que vuelve a su antigua residencia para preparar los actos de homenaje a Ronald Reagan en el centenario de su nacimiento. Nancy está diminuta, menguante, casi nonagenaria. Cuesta recordar que fue ella la que acuñó el infame slogan antidroga Just say NO, al que algunos contestamos Just say KNOW. Dejando a un lado el lado panfletario, ha sido una de mis primeras damas favoritas.

Primeras damas de la televisión hay en todos los países, es un título que debería ser oficialmente ratificado en el BOE. Soy adicta a la búsqueda semanal en Youtube de los mejores momentos de las estrellas catódicas latinas, sobre todo de las argentinas, insuperables. Les invito a que exploren las presentaciones y exabruptos de Mirtha Legrand, los despistes de Susana Giménez, la lengua locuaz de Moria Casán, las meditaciones zen de Nacha Guevara. Impagables. 

Como es lógico, un encuentro televisivo entre alguna de estas divas es pico de audiencia y comentario nacional. Las confluencias entre Susana y Moria son divertidos, desenfrenados. Pero cuando se sabe que se van a juntar Susana y Mirtha, todo el mundo contiene la respiración esperando el desenlace. En una de esas entrevistas Susana se arrodilló ante Mirtha, mostrando una humildad impostada que la nominó como vencedora de la refriega.

Así, como si de una pelea entre púgiles se tratara, dando puntos a cada contrincante, Sálvame cubrió la noticia del encuentro de la semana, la visita de María Teresa Campos al programa de Ana Rosa Quintana. Segundo choque de titanas con motivo de la presentación del libro de memorias de la primera. En la primera ocasión, el pasado otoño, la razón era el regreso de Campos a Telecinco. Gracias a internet pude seguir round tras round, aún hallándome fuera de España. ¿Mi veredicto como árbitro experto en choques sobre la lona? Aquel primer acercamiento fue boxeo puro, a ceja abierta, gancho, derechazo, amago de golpe bajo. Este segundo ha sido más lucha libre mexicana o pressing catch nortemericano, combate perfectamente coreografiado con sofisticadas llaves y retorcimientos. Ambas contendientes reconocen el morbo que despiertan estos enfrentamientos y han aprendido a pegarse tiritos (Ana Rosa dixit) que enardecen al televidente. Puyas reales o ficticias, eso es lo de menos.

Imposible dar un vencedor, hay que levantar los brazos de las dos, empate técnico. Mérito de ambas. Pero hay que reconocer que, aunque la lucha tenga lugar en casa, es más difícil entrevistar que ser entrevistado, y Ana Rosa ya lleva dos a su favor. Se puede marchar tranquila de vacaciones.

24 junio 2016

Andreíta la hija fea de la Esteban

Código de honor. Belén Esteban es una mujer de palabra. En San Blas los códigos de honor son férreos y si alguien promete algo, lo cumple, ¡y punto en boca! 

Por eso se enojó (por ser finos) porque los periodistas que fueron a ver cómo recogía a Andreíta de su puente en Ambiciones no cumplieron su palabra. El pacto consistía en que Belén Esteban les daba unas declaraciones diciendo una cosa y poniendo cara de estar queriendo decir lo contrario (ejemplo: «sí, la niña se lo ha pasado muy bien», frunciendo el ceño, poniendo mueca de asco y volviendo los ojos en blanco, de esa manera que sólo Marujita y ella saben hacer) y que los paparazzi no se abalanzaran sobre Andreíta. 

Pues bien, los periodistas del Ave (que es una especialización, como la de periodista deportivo) rompieron el pacto y se abalanzaron, como bien contó ella en El programa de AR (T5). Es lo que tiene crear noticias de la nada. Que una niña vaya a pasar el puente con su padre no es gran cosa, pero Belén lo había convertido en todo un acontecimiento.

Novios o no. En San Blas los códigos son inamovibles pero en el mundillo de los medio famosos también. No caen en el incesto de milagro. La endogamia es alarmante y se intercambian novios como si jugaran a los cromos. En Está pasando (T5) aportaban la noticia de que Ariadne Artiles (ex Fonsi Nieto) podría estar saliendo con Israel Bayón, amigo íntimo de Nieto y ex de Vicky Martín Berrocal. Hombre, eso no es noticia. Lo raro sería que Artiles estuviera ennoviada con alguien que no fuera ex de alguien del couché. En las imágenes se les ve paseando, riendo y comiendo helados, es todo tan de comedia romántica, que uno empieza a pensar si será verdad o no que son más que amigos.

Lengua viperina. El asunto Montiel/Tous es de lo más dadaísta que se ha dado últimamente en el panorama rosa. Esta semana hemos podido ver a Sara, comentando viperinamente que esas apariciones televisivas de su hijo reclamando su herencia, debe ser cosa del manager, que «está muy mayor y le ha aconsejado mal». Ella lo decía como si no supiera muy bien de qué va la cosa y lo cierto es que cuando oímos hablar al cantante Zeus Tous (que no hay que ser Jodorowsky y estudiar sus genealogías para saber que, con ese nombre, estaba predestinado al espectáculo) es como si mamá Sara y él vivieran en continentes distintos. Pero no, según nos informan en Tal cual (A3) Zeus no ha abandonado aún el hogar materno y, hombre, la casa de la Montiel es apañada, pero no es precisamente el Palacio de Liria (aunque la decoración lo emule).

Crónica anunciada. Como coda, lo que tenía que pasar antes o después. Rosario Mohedano (menos conocida como Chayo) ha roto con Antonio. La noticia nos la dan en exclusiva en Tal cual.. (A3) pero eso es lo de menos, lo increíble es que dicen, con absoluta seriedad, que «no ha sido por terceras personas». Ya, que Rocío y Desiree/Parton hayan contado con pelos y marcas cómo se acostaban con Antonio mientras era el novio de Rosario, no ha tenido nada que ver, en absoluto.

Terror al compromiso. Cuando un hombre se pone a hablar del concepto espacio/tiempo conviene empezar a temblar, a no ser que el sujeto sea filósofo o físico. Como ninguna de las dos es la profesión de Fran Rivera, Elisabeth Reyes, como es lógico, debió echarse a tiritar cuando el diestro le vino con lo de que necesita su espacio y tiempo Bueno, según comentaba Carmen Ro tanto en Espejo público (A3) como en Madrid a la última (Telemadrid) no fueron exactamente esas las palabras, pero el concepto es exactamente el mismo. Él dijo algo de que quiere centrarse más en los toros, que equivale a un «no estoy preparado para una relación seria» y/o «acabo de salir de una historia complicada no puedo comprometerme».Vamos, que el muchacho no acababa de verlo claro y ante la posibilidad de que fuera demasiado tarde, ha decidido no coger el toro por los cuernos.

Dilema moral. En Supervivientes (T5), esta ha sido la semana de Iván. No soporta pasar hambre y ha recurrido a todo tipo de estratagemas para que le saquen de allí (si se marcha voluntariamente tiene que pagar unos 78.000 euros a la productora). Aduce que está demasiado delgado y que no tiene reservas. Esperamos que antes de entrar, un médico (y él mismo) hubieran observado que, en efecto, no tiene de donde sacar, así que la disculpa no nos vale. En cualquier caso, le ha pasado lo peor, que es salir nominado con Cuca; el dilema moral en las votaciones va a ser complicado. Pero estamos contentos, los chicos y las chicas estarán juntos. La combinación «agua-Matías» (teniendo en cuenta lo que pasaba en GH cada vez que entraba en el jacuzzi) nos va a dar mucho juego.

«Yo conozco al Golosina desde que no tenía pechos»
Jimmy Giménez Arnau
Haciendo gala de su incorrección habitual. En Sálvame (T5).

«Mi hijo está totalmente confundido»
Rocío «ex Güiza»
Según ella por Dani. Quizá le confunde más que su madre narre en la tele sus actos sexuales.Tal cual.(A3).

«Yo no soy King Kong, pero tampoco Blancanieves»
Juanito «El Golosina»
Una de las decenas de frases míticas en Supervivientes (T5).

«Tengo más clase que tú durmiendo»
Manuel A Astry
Durmiendo no sé, pero viendo el traje y los zapatos que llevaba, despierto, no. En Mujeres y hombres (T5).

23 junio 2016

Belén Esteban siempre cuenta lo mismo y no cansa

Tengo el llavero conmemorativo de la comunión de Andreíta. Y lo guardo como oro en paño. Me da morbo. 

Tiene toda la pinta de convertirse en un objeto de culto; estoy convencido de que si espero un poquito puedo sacarme un puñado de euros subastándolo en eBay. No falla: cuando alguien me para por la calle no es para preguntarme por Elsa Pataky o Isabel Preysler, sino para saber de primera mano el último capítulo de la vida de Belén Esteban (por cierto, se ha reconciliado). Y no deja de asombrarme, la verdad, porque la Esteban lleva contando la misma historia desde el principio de los tiempos y no cansa. 

Al contrario: produce adicción. Es droga dura. Trabajo con ella en Sálvame y la observo con curiosidad de entomólogo. Intento descubrir el secreto de su éxito -o de lo que sea-, pero todavía no he dado con la fórmula. Tengo ligeras ideas: tiene una gran rapidez mental y un background de barrio que renueva día a día con la savia del bloque. 

Recuerdo que una vez que le dio un bajón de azúcar fui a verla al hospital y contemplé una escena almodovariana (no me gusta utilizar este adjetivo porque creo que está devaluado, pero sin lugar a dudas es el más adecuado). Belén recibía la visita de sus vecinos y la trataban como a otra vecina más y no como ese descomunal animal mediático que es. Ella decía «pues ya ves, hija, aquí me tienes» y me recordaba a Blanca Portillo en Volver. Es ahí donde radica la atracción que ejerce Esteban: la popularidad no le ha empujado a abandonar a los de su clase. Engancha porque es verdad. Descarnada, vulgar y caótica pero verdad. Con las revistas del corazón me pasa lo mismo: me quedo con Lecturas porque tiene mucho de galdosiana. Cuenta los avatares sentimentales de la clase media. ¡Hola! está repleta de finolis que viven a lo Chejov: sin romperse ni mancharse, pero conscientes de que pertenecen a una casta que tolera ciertas profesiones pero no las admite. Ejemplos: periodistas y gente del espectáculo.

Recoge ¡Hola! la foto de familia de los asistentes a una cena solidaria de la Fundación Aladina y la instantánea se convierte en un «ayer, hoy y siempre»: conviven las que fueron primeras figuras -y lo seguirán siendo- con las nuevas generaciones. Isabel Preysler y Tamara Falcó, Naty Abascal e hijos, Simoneta Gómez Acebo… Pero también vemos a Marta Robles, Martina Klein, Goya Toledo o Nieves Álvarez, que llegan limpias y aseadas a la cena e incluso las dejan pasar, pero jamás serán aceptadas como miembros de pleno derecho en este Bilderberg rosa. 

Y todo porque pertenecen a profesiones tan poco respetables -para ellos- como la comunicación o el mundo de las pasarelas. Consideran que una presentadora de televisión no deja de ser una vedette catódica. En este universo rancio y profundamente clasista aparece de una manera continuada Nuria González, la mujer de Fefé. Siempre con una media sonrisa y con la mirada a media asta, como si estuviera pensando en la resolución de un complejo problema matemático. O en cómo apañárselas para que le dé tiempo en una misma mañana a darse un masaje y recorrer las selectas tiendas de la milla de oro madrileña.

In illo tempore, Nuria (en la foto) era una aspirante a modelo que gracias a su relación sentimental con el diseñador Nacho Ruiz llegó a desfilar en pasarelas de primer orden. Mientras Fefé andaba en tratos amorosos con Mar Flores, Nuria era la confidente de Mar. Y cuando Fefé deja a Flores tras la publicación de las polémicas fotos de Interviu -recuerden, «En la cama con Lequio»-, 

Nuria González tarda aproximadamente un mes en enamorarse del empresario. La entiendo. Fefé despliega el manto de sus encantos y no hay mujer que se le resista. Dicen que es detallista, seductor, encantador, divertido y muy generoso. Lleva a Nuria como una reina y ella aprovecha la menor oportunidad para destacarlo. Hace algunos años, una amiga se encontró con ella y le dijo: «Qué abrigo más bonito llevas». 

La respuesta de González fue tajante: «De Chanel, sólo 400.000 pesetas. Barato, ¿verdad?». Aunque proviene del mundo de las pasarelas, Nuria es discreta y amable. Moderadamente bella. No pretende convertirse en la sucesora de Naty Abascal ni acaparar más flashes que ninguna. La aceptan porque no supone un peligro y porque es la mujer de un todopoderoso. Ha demostrado que el amor no tiene edad. Qué envidia.

Dicen que Tetro, la película que ha rodado con Coppola, es un truño. También es mala suerte que te llame un director como él y le salga un churro. Pero desde esta página me gustaría decirle a Maribel Verdú que no se permita estar triste ni un minuto por dicha contrariedad. Maribel es una de las mejores actrices de este país y del que sea. Dota a todas sus interpretaciones de una intensidad que roza el virtuosismo. Es un huracán escénico, un vendaval de talento incontenible a la que sólo le afeo que no comparta el secreto de su deslumbrante belleza. Por cierto: acabo de caer en la cuenta de que tiene un ligero parecido a Rania de Jordania. Será porque la Verdú es tan fascinante como Petra (la ciudad).

Tiene madera para convertirse en estrella de comedias musicales, pero Soraya sigue empeñada en sacar discos y en tomarse demasiado en serio ciertos aspectos de su profesión. Como por ejemplo, su participación en el Festival de Eurovisión. 

Ella está emperrada con lo del boicot y lo adereza con una teoría conspirativa; pudiera ser porque ese Festival es más raro que un perro verde. Sin embargo, debería dejar de lado su rebote y apuntarse ipsofactamente a clases de dicción, no para corregir, sino para mantener su extraña manera de pronunciar. Si tiempo atrás nos cautivó con su «poyeya», en Moscú nos hechizó cantando «la noche es pa-ta ti» en vez de «para ti». Sublime. Grandioso. Cuanto más imperfecta, más tirón tiene Soraya.

22 junio 2016

El Rocío y sus orgías

En estos días rocieros escucho repetir la palabra camino, el camino. Caminos hay muchos. Pienso en el 'Camino' de Escrivá de Balaguer o 'En el camino' de Jack Kerouac. 

También hay muchos caminantes, empezando por el machadiano caminante que hace camino al andar. Pero hay más. El 'saunterer' medieval de los ingleses se refería al caminante limosnero que hacía su largo camino en busca de Tierra Santa. También los italianos usan la risueña expresión 'andare a Zonzo' para señalar a quien ejerce de mero deambulante, de caminante cuyo destino no es otro que el camino mismo.

El pensador Adorno se definió muy divertidamente como un caminante para el hogar: «Soy un paseante de pasillo» (lo dijo cuando supo que el padre de Kierkegaard instruía a su hijo recorriendo sin cesar el pasillo de casa). Con sus versos, el bardo Hölderlin se convirtió en tutor y guía del caminante libre de ataduras: «Camina indefenso/ ¡adelante por la vida y no te preocupes!».

Así que el camino. Así que el caminante. Pero ¿y el Rocío? ¿De qué clase de camino se trata? Creo que me he metido en un lío con esto de Balaguer, Kerouac, Adorno y Hölderlin. «Que tengamos un camino de fe y devoción», escucho decir al término de la misa de romeros en la mañana de ayer en la iglesia del Salvador. La hermandad del Rocío de Sevilla va a emprender uno de los caminos más indefinibles que puedan conocerse: un camino de fe y devoción.En efecto, la liturgia acaba en voz del ministro oficiante con un solemne «podéis hacer el camino».

A mi vera, una hermana devota ataviada con sus galas camperas se persigna con emoción. En la muñeca luce una pulsera con las franjas de la bandera española. Muchos romeros y romeras llevan también la bandera de España trenzada sobre el cordón de la medalla rociera. No dudo del fervorín patrio de los rocieros. Pero da un no sé qué de lástima y otro no sé qué de choteo el ver que en estos lares la bandera se usa como souvenir para complemento del pijo cinco estrellas.

El Divino Salvador rebosa de colores alegres. El ambiente es de festiva expectativa. El Simpecado lo bajan del altar que ha presidido la misa de romeros. De fondo suena la salve del coro que entona el «Sálvame, Rocío, sálvame». Pese al colorido, el aire de Miserere del Salvador le da al ambiente un punto exquisito de frialdad austera. Pero todo lo estropea el corralero arranque de vivas a la Virgen del Rocío, a la Blanca Paloma, al Pastorcito Divino, a la Hermandad del Rocío de Sevilla En mi humilde y franciscana opinión, estos vivas no pegan demasiado bajo la bóveda de luz sedente del templo. Pero una fervorosa peregrina opina lo contrario y por eso entona sus vivas con especial alborozo junto a mis oídos. Va a ser verdad que la fe en el Rocío hace milagros. De pronto me siento aliviado del molesto tapón de cerumen que he padecido estos días.

Ya en la calle, el Simpecado lo colocan en su carreta de plata repujada. Una banda del ejército ataca el himno nacional. El coro anima el momento sublime con sus palmas a compás. El tamboril también se escucha con su tam-tam rociero. Extrañamente, no estallan cohetes como es habitual. Los camastrones están de suerte.

Empieza pues el camino. Los caballistas, subidos a sus jacas, cabalgan con porte galante luciendo presencia. Desde la acera, saludan a un jinete, el cual responde sonriente con un sevillanísimo «Ma'legro'verte». También veo a alguna que otra amazona, que cabalga también con elegante compostura cual Lady del Quema.

A mi espalda, tengo a una unidad móvil de Canal Sur Radio: «Canal Sur hace el camino», reza su eslogan por las ondas. Por mi parte, yo constituyo mi única unidad inmóvil. Sigo de pie, sin saber qué camino hay que hacer, con cara quizá de súbdito extranjero en su propia ciudad. De hecho, una buena mujer que está a mi lado me pregunta si soy extranjero. 

Como me ha visto apuntar cosas en el cuaderno ha deducido que soy foráneo. A la buena mujer se le ve que quiere agradar presumiendo de las esencias que ofrece Sevilla. Le contesto que no, que soy de aquí para infortunio de la ciudad. Pero no le digo que, aun bautizado en la basílica de la Macarena, entender no entiendo nada de lo que veo.

Cómo suenan las herraduras de los caballos. Muchos equinos resbalan sobre el adoquinado lleno ya de montículos de cacas. Una muchacha, acompañada de su serena madre, se quita espantada de la primera fila. «Mamá, que me dan pánico», le repite a la madre. Y la madre, sin perder la calma pese a los inquietantes resbalones de los caballos: «Es que acaban de salir y estarán nerviosos». Y yo: «Aparte de los caballos, el que está nervioso soy yo con su niña hipocondriaca».

Poco a poco se va acercando el Simpecado. Los caballistas con vara de la hermandad cabalgan destocados, sin el sombrero que llevan en el antebrazo portando la vara. Junto a la carreta del Simpecado, engalanada con bellas flores, discurre el gentío con los peregrinos a pie. Suenan las panderetas, las guitarras de los que caminan de espaldas rasgando las cuerdas sin perder de vista el son del tamborilero. Habrá fervorosos anónimos, caminantes de la fe y la devoción. Eso es seguro. Pero entre los rocieros de a pie suelo distinguir más a los incansables sevillanos de la apariencia. Es la sociedad civil que baila la vida al ritmo de Siempre Así.

La caravana rociera acaba con las 26 carretas que arrastran los bueyes. Como los caballos, los bueyes también resbalan sobre los adoquines. Qué tristeza dan los ojos de los bueyes. En sus ojos mansurrones creo descifrar esta misma pregunta: «¿Y qué hago yo aquí?» En camino estoy de responder.

18 junio 2016

Jorge Javier opina sobre la Telebasura

Esta semana voy a empezar hablando de mí. De Jorge Javier Vázquez, presentador de televisión. Quizás me tachen de vanidoso, no se corten. Después de todo lo que han dicho o escrito de mí, eso sería lo más agradable.

Durante cinco años he presentado Aquí hay tomate, un programa que desde sus inicios se convirtió en líder absoluto de la sobremesa y que pasará a la historia -no nos engañemos- como el máximo exponente de la telebasura. (Al respecto déjenme señalar que mi amiga Carmen Rigalt escribió que yo era el rey de la telebasura; todavía no sé si tengo que enviarle un ramo de flores o escupirle cada vez que la vea). Tras un año de ausencia he vuelto a la sobremesa de Telecinco con Sálvame y la prensa lo ha celebrado de una manera unánime: «Con él -o sea moi même- regresa la telebasura en estado puro», podría ser más o menos el titular.

«Telebasura». De tanto oírlo, el término ha acabado aburriéndome, ha perdido efectividad. Es como cuando te llaman feo muchas veces, que al final te acuerdas de un feo como Vicent Lindon y te pasas el insulto por el forro de los mismísimos. Pero a lo que voy: tras un intenso debate interno -o sea, celebrado en mi cabeza- he llegado a la conclusión de que yo no hago telebasura sino neorrealismo televisivo.

Nací en Badalona, ciudad definida por Raúl del Pozo como «campo de concentración para emigrantes». Crecí en un barrio en el que convivíamos payos y gitanos. Las peleas entre vecinas eran un hecho habitual; cada vez que se producía alguna, nos apostábamos a los pies de los balcones desde los que se gritaban toda clase de improperios para seguirlas en riguroso directo. Estoy habituado a las confrontaciones dialécticas. Quizás por eso no me asombra ver cómo la gente discute en un plató. Y no me extraño cuando una señora se queja de un marido chulángano porque eso es lo que he mamado en mi barrio desde muy pequeño; vivíamos de puertas para afuera y estábamos al tanto de los vaivenes sentimentales de cada vecino. Los italianos lo trasladaron al cine y surgió el neorrealismo; hacemos nosotros lo mismo en la televisión y lo llaman telebasura. Debe de ser porque lo consideran poco edificante.Vaya. ¿Acaso lo fue alguna vez la vida?

Los periodistas no estamos dotados para encajar críticas. Cuando alguien se atreve a cuestionar nuestro trabajo solemos desear su muerte (profesional). Sin embargo, en torno a este asunto también existen distinciones. Se lo dijo Mercedes Milá a una compañera de El País: «Los periodistas escritos os creéis de una casta superior a los que hacen televisión». Cuando los que salimos en la tele nos quejamos de la crueldad de una crítica se nos recuerda que eso va en el sueldo; pero cuando desde la televisión nos atrevemos a hacer una crítica de algo que haya escrito un compañero ya puedes ir atándote los machos porque eso significará tener al periódico en pleno en tu contra.

El nivel de la crítica televisiva en España es ínfimo rayando en inexistente. Suele ser obvia, recurrente y, sobre todo, muy mal escrita. Salvo Rosa Belmonte en ABC, Víctor M. Amela y Sergi Pàmies en La Vanguardia y Enric González en El País, el resto se caracteriza por criticar de todo menos la televisión. Un ejemplo: a propósito del estreno de Sálvame, Nico Rey en la edición digital de este periódico se limita a llamarme «viejuno y patético perdedor», «engreído» y «chivato». En esta ocasión he salido más o menos indemne porque en otros artículos me califica de «marica» o, simplemente, de «borracho». Es una paradoja, pero es muy difícil encontrar en una crítica televisiva referencias a la realización del programa, a la capacidad del presentador para manejarse en un directo o a la belleza de los decorados. Es muy difícil que se haga referencia a algo tan fundamental como la iluminación de un programa. Lo deben considerar algo tan oscuro como el tercer secreto de Fátima.

Pero lo que más me asombra es observar cómo se recrean -de una manera tan morbosa- escribiendo sobre programas que detestan.No lo entiendo. Yo no les prestaría la más mínima atención. Quizás porque con los años me he dado cuenta de que una de mis grandes conquistas ha sido aprender a decir «no». No comer lo que no me gusta, no leer lo que no me apetece o no quedar con gente por compromiso.

Y ya si eso, la semana que viene hablo de Sonsoles Espinosa versus Carla Bruni.

Se ha olvidado de que es una chica mona y se ha convertido en una vieja prematura. Campanario procede del Levante, zona festera, fértil y luminosa como un nuevo día. Si no hubiera encontrado a Jesulín sería una chica tan alegre como una verbena de San Juan, pero su matrimonio con el torero la ha transformado en una señora a la que no apetece pedirle ni la hora. Se ha tomado tan a pecho eso de ser «mujer de torero» que sus facciones han adquirido los rasgos de una dolorosa en estado de perpetuo socorro.Si la sumisión de la mujer ante el hombre ya se considera obsoleta, someterse a Jesulín debería tipificarse como delito. Campanario necesita una aventura en África. O dos, si son pequeñas.

Su último espectáculo se llama PSB. Le digo que habrá gente que vaya a verla pensando que verán actuar a los Pet Shop Boys y ella se ríe. Con compás, claro, porque no desafina jamás. PSB no son sus iniciales -que también- sino los instrumentos que la acompañan en esta nueva aventura: piano, saxo y bajo. Paloma es una cantante que posee una cualidad difícil de encontrar entre las de su especie: sabe cantar. Hay quien piensa que ya no actúa, pero luego llena los teatros en los que se presenta. Doy fe porque voy a todos. El 22 y 23 de mayo canta en el Español de Madrid.Vayan y comprobarán de una vez qué significa la expresión «llenar el escenario».

11 junio 2016

Los niños que vieron caer las Torres Gemelas

Los niños tienen un instinto especial para oler la tragedia. Los niños corrieron ayer, asustados, hacia su madre, cuando escucharon aquel avión volando bajísimo, tanto que hizo temblar los 32 pisos del edificio donde vivimos. «¿A dónde va ese avión, mamá?». Segundos después, la explosión.

Desde la terraza de casa podía verse la Torre incendiada. La madre hizo todo lo posible por que los niños no la vieran y los empaquetó para ir al cole. Por el camino vieron la humareda negra a lo lejos: la miraron con extrañeza.

Los niños estaban ya en clase cuando escucharon otra potente detonación. Los profesores se miraron aterrados e hicieron lo posible por aplacar el miedo de los pequeños. Los padres llegaron despavoridos poco después y se los llevaron raudos bajo techo, en medio de un ulular de sirenas.

Al volver, los niños se asomaron a la ventana y miraron con perplejidad las nubes negras. El mayor cayó en la cuenta de que las Torres Gemelas no estaban. Con sobrecogedora ingenuidad preguntó a su padre, que poco antes acababa de aterrizar: «Papá, ¿por qué has tirado las Torres con tu avión?». Sentí, como millones de americanos, el escalofrío del horror.

Los niños no entendían el porqué de ese pandemonium de ambulancias, bomberos y coches de policía. Todos los esfuerzos por intentar mantenerles al margen de la tragedia fueron inútiles. Las televisiones ofrecían a todas horas las aterradoras imágenes del avión que ellos oyeron. Y el humo seguía entrando por la ventana.

Dejó de funcionar el metro, huyeron los taxis, cerraron las tiendas. Desaparecieron del mapa los niños que un día luminoso como el de ayer habrían tomado al asalto los parques de Manhattan. Los nubarrones cubrieron parcialmente la Estatua de la Libertad. Los niños miraban con cariño hacia la otra Torre, el Empire State, y preguntaban si también se iba a caer.