23 marzo 2014

Mukul, un hotel con encanto

Un hotel, como una persona, puede ser muchas cosas a la vez. Y, como una persona, cuanto más complejo es su interior, más sencillo parece el exterior. 

Y ahí reside su capacidad para intrigarnos. Puede ser un hotel boutique y un resort, aferrarse a lo local y tener aspiraciones globales, familiar y mundano. 

También puede soportar sobre sus hombros (sobre su techo), la responsabilidad de cambiar una región y, a la vez, ser solo un lugar donde descansar y disfrutar. Todo eso es Mukul.

Mukul significa "secreto" en maya y es un secreto a voces. Situado en la Costa Pacífica de Nicaragua pertenece a Guacalito de la Isla, un proyecto cuyo factótum es Carlos Pellas. Porque Mukul es un trabajo de autor, y qué autor. 

Pellas es clave para entender la Nicaragua contemporánea. Empresario, filántropo y, de verdad, poderoso, quiso colocar a su país en el mapa. Para eso, necesitaba algo que atrajera a los viajeros que luego regresan a sus casas y hablan, vuelven y cuentan. 

Ese algo se llama Guacalito de la Isla, mil quinientas hectáreas donde se han construido, por ahora, villas, un campo de golf y un hotel, que es su bandera. Faltan más villas y un aeropuerto. El hotel es Mukul y quiere, nada más y nada menos, que cambiar la percepción del país.

Nicaragua no está en la lista de destinos que surge a la hora de planear unas vacaciones. Era lo más parecido a un paria turístico. Está dejando de serlo. Es un país intenso y, hoy, el más seguro de Centroamérica. 


Posee un gran patrimonio cultural, una naturaleza exuberante y un pueblo cargado de historias. Mukul ha alterado la vida de la región en la que está, Rivas. Más de mil personas trabajaron en levantar Guacalito durante dieciocho meses. 

Hoy, más de quinientas lo hacen cada día en todo el complejo. La mayoría de ellos es local y ha sido formada durante meses. Todos cobran un sueldo más que digno y se les enseña a gestionar cantidades de dinero que superan el salario mínimo de sus compatriotas.

Todo esto se esconde tras Mukul, aunque no hay por qué percibirlo. Nos podemos quedar en la superficie y, aun así, impresionarnos. Los hoteles, también como las personas, tienen muchas capas. Mukul es un precioso lugar pensado por Pellas y familia para que los que lleguen a Nicaragua no quieran irse. O repitan. 

Para ello han invertido 250 millones de dólares. Sin embargo, pese a esa cantidad brutal, no es un lugar ostentoso. El lujo se esconde tras detalles como la privacidad, un hoyo 18 a la orilla del mar y un lobby al aire libre iluminado por más de cien lámparas de mimbre. Pero vayamos por partes.

En Mukul no hay recepción (esto no deja de tener espíritu de una casa…); tampoco habitaciones ni pasillos. Existen bohíos, construcciones repartidas por la montaña con vistas al mar que tienen, cada una, una piscina privada, terraza y que recrean la ilusión de tener una casa en el Pacífico.

En una de ellas se alojó Morgan Freeman hace poco. Además de los bohíos, están las Beach Villas al pie de la Playa Manzanillo (una de las cuatro del resort). 

Y, en lo más alto, está la Casona de Don Carlos, donde se alojan los Pellas cuando van y que puede ser alquilada. 


Todos los espacios tienen en común unos techos infinitos, muebles realizados con arcilla volcánica o restos de barriles de ron (Pellas es el dueño de Flor de Caña, un icono del país) y el confort que se espera de un lugar al que llegan clientes muy viajados.

Un imán de Mukul es su campo de golf de 18 hoyos. Pensado para epatar, lo consigue. Y más cuando se sabe que se construyó sin talar ningún árbol; todos se trasplantaron a áreas deforestadas. 

El diseñador del campo fue David McLay Kidd. Suyo es su fotografiado hoyo 18, uno de los más impresionantes del mundo. En pocos meses, tiempo record, Guacalito Golf ha logrado lo que otros tardan años: ser una meca.

Y el spa lleva el mismo camino. Perdón, los spas. Porque Mukul ofrece una experiencia poco convencional. Pellas decidió no construir un buen spa, sino seis.

Cada persona que contrata un tratamiento es conducida a un espacio privado con su recepción, vestuario, ducha, sala, terraza y piscina. Todo privado. Solo para sus ojos.


Existen seis casitas con distintos temas: Crystal Garden, Secret Garden, Hamman, Rain Forest, Healing Hut y Casita Mukul. Todas ellas con techos altísimos, enormes lámparas y personal con cinco años de estudios en Medicina Natural. Este lugar es un delirio difícil de encontrar en otro lugar del mundo.

Lo anterior, el hotel, el golf, el spa…funcionan en sí mismos. Pero lo que les da sentido y los hace diferentes es su contexto. Nicaragua no lo ha tenido fácil por su pasado convulso para atraer a los viajeros. 

Pero tiene una de las ciudades más hermosas de Latinoamérica, Granada (a poco más de una hora de Mukul); tiene el inmenso lago Nicaragua, con sus islas y volcanes; tiene energía y paz. 

También tiene mucho, todo, que progresar en términos de igualdad, pero iniciativas como ésta ayudan. Mukul nace con la responsabilidad de dar la vuelta a un país. Que así sea.

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