15 junio 2013

Viajar a Las Azores con Rumbo a un precio estupendo

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En los legajos del archivo de Indias asoman crónicas sobre los peligros del océano, la fragilidad de los barcos, las oscuras leyendas de bestiarios marinos o la sombra de las tormentas. Un mundo fabuloso y terrible que se gestaba y organizaba en Sevilla, desde la Casa de la Contratación, y que es una de las historias más sorprendentes y trágicas de la Historia de España.

La exposición sobre la piratería que se exhibe en el Archivo de Indias propone rescatar uno de los episodios que determinó el tráfico marítimo y el negocio colonial. La oportuna y reveladora muestra ilustra a la perfección el cajón de historias que se esconden en el Archivo.

Así que escogiendo cualquiera de los papeles ultramarinos podríamos rescatar aquellas historias de asedios piratas, saqueo de naves y ciudades, ataques navales y hasta las novelescas persecuciones de los corsarios a las flotas de Indias cargadas de metales preciosos. Por ejemplo, el manuscrito 266-R.50-N.16 es una carta del Cabildo Secular de Cartagena de Indias dando cuenta del ataque del pirata Francis Drake con los daños que causó, así como el acuerdo para el rescate de 107.000 ducados para evitar la destrucción de la ciudad.

Entre los dramatis personae de la piratería contra España, están además de Drake -con patente de corso para sus saqueos gracias al apoyo de la reina de Inglaterra, Isabel I-, otros bucaneros como sir Henry Morgan que actuaba en la Isla de Tortuga y Jamaica, o John Hawkins, quien ocupó en 1568 San Juan de Ulúa o Laurent de Graff, alias Lorencillo, que tomó Veracruz.

El oceáno se convirtió en un lugar peligroso como demuestra que el cabo de San Vicente se llamara popularmente el «cabo de las sorpresas», porque era habitual que los corsarios esperaban allí a la flota que regresaba con las bodegas llenas de riquezas. Por esa razón, la Corona española decidió proteger las naves y sus valiosos cargamentos. En 1537 se despachó por primera vez una Armada Real para defender los barcos. El apresto de navíos para la defensa costera tiene un capítulo especial en la Armada Guardacostas de Andalucía y que defendían el triángulo de las Canarias, las Azores y Sanlúcar.

El historiador Esteban Mira Caballos escribió hace algunos años un libro muy revelador sobre estos protectores del tráfico atlántico: La Armada Guardacostas de Andalucía y la defensa de la Carrera de Indias. En este libro se recuerdan los peligrosos pasajes vividos por capitanes generales de la Armada Guardacostas como Pedro Vique Manrique, Sancho de Herrera, Diego de las Roelas o Juan López de Archuleta.

También hay un personaje especial, víctima de la piratería y protagonista de la que se considera la mayor catástrofe de la historia de Armada Guardacostas: el capitán Domingo Alonso de Amilibia.

Ocurrió en mayo de 1522, cuando la flota regresaba de las Indias con un gran cargamento. Desgraciadamente, aparecieron corsarios franceses que obligaron a los barcos españoles a refugiarse en las islas Terceras de las Azores y allí esperar refuerzos. Carlos V, advertido de la amenaza, ordenó que se tomasen prestados 4.000 pesos de oro, que se encontraban en las arcas de la Casa de la Contratación, para construir dos naos gruesas. Sin embargo, en vez de esperar a que llegaran a las Azores el rey impaciente ordenó que la Armada se unificara a su llegada a Sanlúcar. 

A unas diez leguas del cabo de San Vicente se produjo el desastre. De la flota tan sólo se salvó una de las tres carabelas y se perdieron 62.000 ducados de oro, 600 marcos de perlas y 2.000 arrobas de azúcar. Murieron muchos hombres, como el hijo del capitán Amilibia, quien además resultó herido y quedó manco de ambos brazos. Junto a Alonso Dávila, capitán de la flota, fue recluido en la prisión de la Rochela en Francia.

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