30 marzo 2013

Orizonia otra empresa de viajes cerrada

Su nombre, Orizonia, no resulta familiar, pero es el paraguas que esconde enseñas tan reconocibles por el viajero español como Vibo (antigua Viajes Iberia), Iberojet y Solplan, entre otras. Pero pronto dejará de existir, como hace tres años sucedió con Viajes Marsans. Dos historias muy distintas, pero con un rasgo en común: tienen como protagonista a un grupo vertical, con presencia en todos los negocios turísticos. Una especie en extinción en España. Orizonia escribe estos días los últimos capítulos de una trayectoria de décadas con un final inesperado y convulso.

Viajes Iberia, el punto de partida y la piedra angular

Hablar de Orizonia implica echar la vista atrás. En 1956, la familia Fluxá se hizo con Viajes Iberia, una empresa dedicada a la organización de viajes fundada en 1930. Cinco años después, comenzó a trabajar en ella Miguel Fluxá. Viajes Iberia tenía entonces ocho oficinas y facturaba 40 millones de pesetas. Bajo su batuta, se especializó en acoger y ayudar a los clientes extranjeros que visitaban España. En 2006, el pequeño negocio se había convertido en un grupo con unos ingresos anuales de 916 millones de euros y 40.000 empleados.



De compañía familiar a propiedad del capital riesgo

Entonces, en pleno boom del turismo español, Fluxá recibió una oferta que no pudo rechazar. Un consorcio formado por las firmas de capital riesgo Carlyle, Vista Capital (Santander) e ICG puso 900 millones de euros sobre su mesa. Y el empresario mallorquín se desprendió de su división emisora de viajes y se focalizó en el negocio hotelero, con la cadena Iberostar. También dijo adiós a Fluxá uno de sus empleados, Gabriel Subías, el encargado de pilotar el nuevo grupo.

Los accionistas fuerzan un cambio de gestor

La primera etapa de Orizonia, con Subías al frente, estuvo caracterizada por un agresivo crecimiento. Con el respaldo del capital riesgo, la compañía se reforzó a base de adquisiciones en todos los segmentos del negocio e incluso llegó a tentar con ofertas de compra a otros gigantes del sector como Globalia, controlada por Juan José Hidalgo, o Marsans. Ésta última operación, en el verano de 2009, marcó el inicio del distanciamiento entre Subías y los accionistas de Orizonia, que cristalizó en un inesperado cambio de gestor a principios de 2010.

Consolidación del negocio en la nueva etapa

José Duato fue el hombre elegido para relevar a Subías. Mano derecha de Hidalgo en Globalia, fue jefe de Subías en Iberojet cuando éste formaba parte de Grupo Iberostar. Discreto y directo, el consejero delegado de Orizonia emprendió una nueva etapa con una estrategia radicalmente distinta basada en más eficiencia, sinergias y ahorro.

Se busca un relevo para Carlyle en el capital

En 2012, Carlyle emprendió la retirada tras el fiasco de su aventura en Orizonia. Su intención de deshacer posiciones en el grupo, del que es accionista de referencia con el 55% del capital, supuso el pistoletazo de partida a un proceso de búsqueda de nuevos inversores y de reestructuración del pasivo financiero de Orizonia, de 619 millones.

Los caminos de Subías y Orizonia se cruzan de nuevo

El resto de accionistas, Vista Capital e ICG, junto a un tercer socio (Sun Capital), ofrecieron una inyección de 60 millones, vital para que Orizonia mantuviese su actividad, y el canje de deuda subordinada por capital. Barceló, la cadena controlada por la familia del mismo nombre, se interesó también por la operación, igualó la oferta y, por decisión de las entidades acreedoras, terminó quedándose como único candidato. Al saberse solo, Barceló desplegó una hábil dureza negociadora y, capitaneado por Gabriel Subías (responsable de su división de viajes desde noviembre de 2011), rebajó su oferta a 40 millones y planteó una quita en la deuda del 80%. Pero ICG, accionista y acreedor de referencia, vetó la propuesta y dejó fuera a Barceló.

Globalia: un invitado de última hora entra en escena

Cuando las dudas parecían cernirse de nuevo sobre Orizonia, entró en escena Globalia. En un fin de semana de intensa negociación, el grupo de Hidalgo cerró el trato: 60 millones de capital y la asunción de 81 millones de deuda. Los acreedores dieron su aprobación, Globalia inyectó 15 millones y Orizonia terminó 2012 con la seguridad de que sortearía las dificultades de la mano de su nuevo socio.

El veredicto de la CNC con muchas consecuencias

Pero el último requisito para realizar la operación, la aprobación de la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) y que parecía un simple trámite, desencadenó la caída del castillo de naipes. Hace 10 días, la CNC dijo que necesitaba más tiempo para estudiarla. Una decisión sin importancia si no fuera porque Orizonia estaba al límite y porque Globalia se negó a inyectar más dinero sin el visto bueno de la CNC y no ejecutó la opción del levantamiento, que le hubiera permitido gestionar Orizonia mientras llegaba el dictamen.

Otro adiós en el sector, ¿quién es el responsable?

El resultado de este ir y venir es que, mientras a Orizonia le quedan unos días para presentar concurso de acreedores, sus rivales y otrora compradores (Barceló y Globalia) se reparten sus activos, con los 5.000 empleados de Orizonia reclamando un futuro y con muchos clientes con billete pero sin viaje.

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