14 octubre 2015

Rush

Contaba Daniel Brühl cómo, mientras andaba detrás de Niki Lauda para hablar con él, recibió un día a las siete de la mañana una llamada del ex campeón del mundo de Fórmula 1. 

Había aceptado hablar con él en Viena, para ayudarle en su recreación del propio Lauda en Rush, la película de Ron Howard sobre la rivalidad entre el piloto austriaco y el británico James Hunt, que se estrena en España el próximo 20 de septiembre. 

Pero Lauda le puso al actor sus condiciones: le dijo que viajase hasta Austria, pero que viajase ligero de equipaje, no fuese a ser que el actor y el piloto no conectasen y éste le mandase a casa. "Vaya, así que ésta es la famosa diplomacia de Lauda", recordaba el actor hispanoalemán como primera toma de contacto con el mito de la Fórmula 1.

Y ése gesto de Lauda define bien lo que es la película, la historia de una rivalidad competitiva, pero también la del enfrentamiento entre dos mundos: el orden germánico de Niki y el cachondeo alcohólico y rockstar de James, al que da vida el australiano Chris Hemsworth, marido de Elsa Pataky.

Al final, Lauda no largó a Brühl y el protagonista de Good Bye Lenin! pudo conocer de primera mano la mentalidad del piloto y lo que le supuso su dramático accidente en el circuito de Nürburgring durante el gran premio de Alemania de 1976. 


Después de que su coche se incendiase, sufrió quemaduras en la cara y el cuero cabelludo, perdió una oreja y respiró vapores tóxicos. Sin embargo, tras 42 días ingresado experimentó una recuperación milagrosa, impulsada, según cuenta la película, por el hecho de que su rival Hunt fuese ganando carrera tras carrera en su ausencia.

"Los 70 fueron una época salvaje, en todos los sentidos. También en el deporte y, sobre todo, en la Fórmula 1", explicaba ayer Brühl. "Por suerte, este mundo ya no es tan peligroso, gracias a pilotos como Niki Lauda, que tanto hicieron por la seguridad de los pilotos. 

Pero, por otra parte, ya no hay rock’n roll en la Fórmula 1. Es un mundo más limpio y ya no hay esos personajes, como Hunt, un playboy que bebía y fumaba antes de cada carrera".

El encargado de dirigir este biopic, el estadounidense Ron Howard, llegó a la película con la experiencia de haber tocado múltiples géneros dentro del cine de entretenimiento (Cocoon, Willow, Apollo 13, El código Da Vinci y Una mente maravillosa, que ganó el Oscar a la mejor película en 2012 y que le valió a él una estatuilla como mejor director). 

Pero también con el caché de haber participado en dos de las películas que definieron el género automovilístico en los 70: American Graffiti (1972), como actor, y Loca escapada a Las Vegas (1977), como actor-director.

Howard, que también estuvo ayer en la visita promocional de Rush, apuntaba que ha llovido mucho desde aquello y que tampoco fue nunca un loco de las cuatro ruedas. "No me gustan los coches rápidos ni los muy caros. Si lo que uno conduce sirve para definirte como persona, diré que tengo un Volvo y que lo que quiero de un vehículo es que me lleve de forma segura a mi destino", confesaba el director.


En lo que sí cree Howard es en el buen drama. "Porque, al fin y al cabo, estos tipos lo que tenían era un gran corazón y una nobleza a la hora de afrontar su rivalidad", apuntaba el director. Todo ello, según él, incluso cuando se trata de filmar algo que ya se sabe que va a suceder.

"Es una película muy internacional, un poco como El código Da Vinci y Ángeles y demonios. Y también es una historia real, que tenía que ser muy técnica, pero también muy emocional, igual que en Apollo 13", apuntaba más tarde Howard. 

Y es este verismo lo que proporcionó a Howard el mayor hallazgo del filme: "Probablemente, si te inventases una historia como la de Lauda y Hunt, la gente pensaría que es ridícula, con estos personajes tan opuestos, con todos los giros y momentos dramáticos, accidentes incluidos... Pero es verdad, sucedió así. 

Y, más allá de los retos técnicos y de la reconstrucción fidedigna de los hechos, con especial atención al accidente de Lauda en Nürburgring, el reto principal era captar la complejidad de estos dos personajes". 

Un dúo protagonista que, según Howard, está repleto de sorpresas: "A veces te gustan y los respetas, pero otras te hacen sentir incómodo, por su ambición, por su forma de conducir, por las decisiones que toman, por ir a lo suyo... No son hombres perfectos".

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