01 octubre 2015

Misión marciana en Austria

Y mientras los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) son utilizados como conejillos de indias para probar los primeros vegetales cultivados en el espacio, en un glaciar austriaco un equipo de científicos simula una misión a Marte.

El objetivo de AMADEE-15, como ha sido bautizado este simulacro de expedición espacial que lleva a cabo el Foro del Espacio Austriaco (ÖWF, por sus siglas en alemán) y en el que participan científicos de 19 países, es ensayar las tecnologías y los equipos que están siendo desarrollados para un futuro viaje tripulado a Marte. 

Como resulta muy caro y lento mandar al espacio todos los materiales y componentes que se utilizan para construir vehículos de exploración y equipamiento para astronautas, las agencias aprovechan los entornos hostiles que hay en la Tierra para medir su resistencia. 

Estos lugares con temperaturas y orografía extremas se denominan análogos marcianos y son relativamente numerosos en nuestro planeta. Antes de ir a la Luna, por ejemplo, los astronautas de la misión Apolo completaron su entrenamiento en el interior de Islandia.

Si en 2013 la organización austriaca eligió Marruecos para realizar su simulacro, este verano las pruebas se realizan en el glaciar Kaunertal del Tirol austriaco. Se trata del lugar de mayor altitud en el que se ha realizado una de estas misiones. 

Así, los visitantes que se acerquen a ese valle hasta el 15 de agosto verán cómo varias personas embutidas en trajes espaciales exploran la zona y realizando experimentos de geología, astrobiología e ingeniería.

La estrella de esta misión, que va a durar 10 días, es el traje espacial, denominado Aouda. Este prototipo pesa 45 kilogramos y simula las condiciones que el astronauta tendrá que soportar si estuviera trabajando en la superficie de Marte. 

Es decir, las dificultades para mover sus extremidades, el peso, la presión y la limitación sensorial que experimentarían. El traje está diseñado para optimizar las interacciones de los astronautas con un vehículo robótico (rover) como los que se mandan a Marte para minimizar el riesgo de que los humanos contaminen las muestras que toman.


En Innsbruck se ha instalado el centro de control desde el cual un equipo interdisciplinar guía y presta asistencia a los astronautas de forma remota. Los datos que van recabando son transmitidos a tres centros de investigación situados en Varsovia, Atenas, Budapest, desde donde se monitorizan los experimentos. 

Entre ellos, un radar que penetra en el terreno y que se usa para detectar depósitos de hielo subterráneo, un láser que busca vida microbiana en entornos extremos, una impresora 3D con la que obtienen prótesis y recambios o una ducha de vapor de agua que emplea una pequeña fracción del agua de la que habitualmente se gasta. Una plataforma de realidad virtual hace que la simulación sea más realista para los astronautas.

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