02 abril 2016

Macy Gray la negra nos ha salido fiestera

El domingo, con una demora superior a la hora, acabó con los nervios de los aficionados malagueños que se disponían a presenciar la primera actuación de su periplo español de una de las mayores renovadoras del sonido soul clásico en el nuevo siglo. 

En Madrid, sin embargo, la estadounidense Macy Gray compareció a la hora prevista, con toda la actitud para hacer de Conde Duque una fiesta como a ella le gusta y había anunciado.

Lo logró, como cabía esperar, sin los complejos y pudores de los que se deshizo para siempre en Sexual Revolution, erigiendo su teatral actuación sobre la misma voz sensual que de joven, le costaba alzar para hablar en público por vergüenza. El torrente genuinamente negro y fresco que la de Ohio es capaz de modular expresando estados de ánimo contradictorios (sin que éstos dejen de parecer creíbles) regresaba ayer a la capital para un directo. Cinco años habían transcurrido desde la publicación de su último álbum The trouble of being myself, algo menos desde su anterior visita a una ciudad que siempre marca entre sus predilectas cuando de girar por Europa se trata.

Se presentó la estadounidense y, sin entonar una nota, ya había hecho su primera declaración de intenciones: ataviada con un atuendo retro de pantalón y chaqueta roja se plantó ante un micrófono que resplandecía de brillantes, rodeada de un guitarrista con camisa de cuello de pico y dos coristas negras de tallas contrapuestas. 

Voces de color que entrelazan con la de la protagonista y bailes de años setenta para encarnar la época más esplendorosa de la música negra norteamericana, que ahora experimenta un rebrote. La ganadora del Grammy a la mejor vocalista pop en 1.999, que el miércoles comparecerá en Barcelona, puso sobre la escena del antiguo cuartel su habitual híbrido de estilos sin fronteras, removiendo en espiral funk, R & B y soul e introduciendo en la misma ritmos hip hop o ecos de gospel, según la ocasión.

Totalmente suelta con la autoestima a tope y disfrutando como para trasmitirlo a los dos mil asistentes, la también actriz presentó los cortes de su último álbum, uno de los más intimistas y esperados de su carrera, por los cuatro años que llevó su elaboración.

El nuevo repertorio, que en España se publicó en abril de 2.007, venía a renovar su colección de canciones con letras que son, según afirma su compositora, narraciones cinematográficas de su vida en los últimos años; temas que tratan el amor y el odio en las relaciones de pareja y que fueron producidos por el líder de los Black Eyed Peas, Will. I. Am, quien indiscutiblemente ha trasmitido su esencia vertiginosa, de ritmos susceptibles de irrumpir en las radios pop, para los temas más bailables del mismo. 

De él sonaron Ghetto Love, Slowly, I¿m So Glad You¿re Here y Get out, que abrió la velada. La concurrencia, animada en todo momento, empezó a derrochar más energía, incluso a bajar a pista desde las gradas cuando las baladas soul fueron dando paso a temas que incluían más electricidad del bajo, velocidad en los teclados, batería y percusión. En definitiva la posibilidad de mover el esqueleto, la explosión de energía dance in crescendo, las insinuaciones sensuales y algún punto de humor, bien dosificados a lo largo del recital.

El momento álgido se dejó para un cierre en el que no hubo bises pero sí los éxitos que cambiaron la vida de Gray cuando ya era madre y que siempre interpreta con la máxima autenticidad. Oblilion y Sexual Revolution, una canción con la que la protagonista aceptó su cuerpo tal y como es, fueron el precedente al que posiblemente sea su tema más célebre, I Try, en el que explica las dificultades de amar a alguien cuando no existe relación estable con él. Tampoco faltaron When I See You, Psycopath, Why Didn¿t You Call Me? y Strange Behaviour.

Natalie McIntyre (verdadero nombre de la carismática intérprete, comparada por muchos con Erykah Badhu), por los más atrevidos con las legendarias voces de Billie Holliday, Betty Davis o Aretha Franklin, reivindico ayer sus aspiraciones a ocupar un lugar destacado entre las numerosas divas actuales de la música negra.

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