16 abril 2016

El alma de las máquinas

Cuando se habla de hacia dónde va el arte, y si es posible crear algo nuevo -ese tema que ha preocupado al artista a lo largo de la historia y al que se le sigue dando vueltas-, algunos apuntan a que las nuevas tecnologías son la vía para llegar a la innovación, a la experimentación real. 

Otros piensan que la técnica puede desvirtuar el trabajo del artista y que al final se puede caer en la trampa de que el que mejor maneje el programa de ordenador y el científico más avispado pueden suplir la función del artista. 

El debate tiene para largo. Para discernir sobre temas que parecían inamovibles como qué es realmente ser artista, o concluir que autor no tiene que ser factor, sino ideólogo. En escultura esto lleva pasando toda la vida, pero muestras como Máquinas y alma, que se puede ver desde ayer en el Reina Sofía (Santa Isabel, 22), ayudan a reflexionar sobre estos y muchos otros asuntos.

En esta exposición comisariada por Montxo Algora y José Luis de Vicente (dos instituciones en la materia), se muestran obras en las que la colaboración entre el artista y el científico o el técnico es muy intensa. Parece que se hace realidad aquella unión visionaria que establecieron Rauschenberg y el ingeniero Billy Klüver (que fue el que propuso la idea), llamada EAT (experimentos entre arte y tecnología). Una colaboración entre arte y tecnología que dio como resultado una serie de performances y obras que fueron precedente de muchas de las obras que se pueden ver en esta muestra.

En ella participan algunos de los artistas más representativos del género. Como Theo Jansen John Maeda, Sachiko Kodama, Evru (Zush), Ben Rubin, David Byrne, Chico McMurtrie, Amorphic Robot Works, Paul Friedlander, Daniel Rozin y Daniel Canogar, Vuk Cosic, Pierre Huyghe, Harun Farocki, Antoni Muntadas, Antoni Abad y Natalie Jeremijenko. Artistas que se han basado en la técnica para crear sus obras.

De entre todas las que se exponen en esta muestra una de las que más llama la atención del público es la del ex cantante de Talking Heads David Byrne y David Hanson. Se trata de un robot llamado Julio, que canta y se mueve casi casi como Byrne, el cual siempre ha imitado los movimientos de un robot sobre el escenario, así que el círculo se cierra con toda coherencia.

Pero no podemos olvidar las obras psicodélicas del maestro Friedlander o la obra de Theo Hansen, que a muchos les sonará no porque sea uno de los grandes nombres de esta combinación entre ingeniería y arte sino porque una de sus obras aparecía en un anuncio de coches.

Los que a raíz de ver esta muestra se empiecen a interesar por este tipo de arte, tienen otras citas en Madrid imprescindibles. Por una parte, las actividades del Medialab, una iniciativa que lleva muchos años, contra viento y marea, incentivando este tipo de interconexión y, por otra, el festival Art Futura, conectado directamente con esta exposición, que se celebra en octubre en la Casa Encendida.

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